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Topic: SIQUIERA SE MURIERON LOS ABUELOS
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AlopintoColombia flag
SIQUIERA SE MURIERON LOS ABUELOS


Hubo una Antioquia grande y altanera
Un pueblo de hombres libres
Una raza que odiaba las cadenas
Y en las noches de silex,
Ahorcaba los luceros y las penas
De la cuerda de un tiple.

Siquiera se murieron los abuelos
Sin ver cómo se mellan los perfiles.

Hubo una Antioquia sin genuflexiones,
Sin fondos ni declives.
Una raza con alma de bandera
Y grito de clarines.
Un pueblo que miraba las estrellas
Buscando sus raíces.

Siquiera se murieron los abuelos
Si ver como afemina la molicie.

Hubo una Antioquia en que las charreteras
Brillaban menos que los paladines.
Una tierra en que el canto de la cuna
Adormecía también a los fusiles
Una raza con sangre entre las venas
Pero sin sangre niña en los botines

Siquiera se murieron los abuelos
Sin ver los cascos sobre los jazmines.

Hubo una Antioquia en que las hachas eran
Blasones de la estirpe
Una tierra de granos y de espigas,
De cantos y repiques,
Una Antioquia de azules madrugadas
Y tardes apacibles.

Siquiera se murieron los abuelos
Sin sospechar el verdadero eclipse.


Hubo una Antioquia en que la Cruz de Cristo
Llenaba el corazón de los humildes.
Una tierra en que el pan era sin llanto,
Y el calor del hogar sin cicatrices.

Una raza de hombres que tenían
El alma buena y la conciencia simple.

Siquiera se murieron los abuelos
Frente a la dulce paz de los trapiches.

Hubo una Antioquia donde la esperanza
Medía su esperanza en las raíces.
Una raza de hombres que ignoraban
La blanda sumisión de los rediles.
Un pueblo campesino de Patriarcas
Con poder en la voz, no en los fusiles.

Siquiera se murieron los abuelos
Sin ver omnipotencia en los alfiles

Hubo una Antioquia de mineros fuertes,
De arrieros invencibles,
De músculos que alzaban el futuro
Como vara de mimbre
Una raza enfrentada a la montaña
Con tesón de arrecife

Siquiera se murieron los abuelos
Sin la sensualidad de los cojines.

Hubo una Antioquia donde la alegría
Retozaba en los ojos infantiles.
Un pueblo que creía en las campanas
De las torres humildes,
Y la virginidad de los aljibes.

Siquiera se murieron los abuelos
Creyendo en la blancura de los cisnes.

Hubo una Antioquia de himnos verticales,
De azadas y clarines.
Un pueblo que veía en las estrellas
Dorados espolines,
Y le rezaba a Dios, mientras la luna
Templaba la nostalgia de los tiples.
Siquiera se murieron los abuelos
Con esa muerte elemental y simple.

(Jorge Robledo Ortiz)


catalanAndorra flag
Canción del pirata
José de Espronceda
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:
Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.




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